Soy como un libro de autoayuda: Ringlets no está llevando nada bien este segundo año en las Américas y cada vez que habla conmigo me cuenta lo mal que está, a lo que yo siempre respondo que es una cuestión de enfoque y que tiene que pensar de forma más positiva, tomar control sobre su vida y hacer algo por cambiar lo que la hace infeliz.
Este fin de semana decidí seguir mi propio consejo y aplicarlo a la única cosa sobre la que aún no había tomado control: mi armario. He engordado al menos 25 kilos desde hace siete años (y no, no estoy exagerando, es tan sencillo como coger una báscula y hacer cuentas) y la ropa de mi armario ha ido disminuyendo según mi peso iba aumentando. Es difícil conseguir ropa de ciertas tallas (por no hablar de ropa que te guste) así que ir a comprar ropa era una pesadilla. Iba una vez al año, cuando mis padres me obligaban, y como no tenía mucha ropa tenía que ponerme la misma una y otra vez hasta que se desgastaba toda y se rompía. Era un círculo vicioso: me veía mal y peor aún con la ropa que tenía, comprar más era una tortura, pero (¿lo había mencionado ya?) me veía mal con la ropa que tenía. Siempre pensaba: ya está, voy a hacer la dieta otra vez, voy a adelgazar y después, cuando vuelva a usar la 38 que llevaba antes, me voy a comprar montones y montones de ropa. Pero me temo que no es el planteamiento adecuado, o al menos no para mí, porque no funcionaba. Así era muy fácil perder la motivación, porque adelgazar 25 kilos es algo que lleva su tiempo. Y, no sé vosotras, pero yo cuando cuando estoy triste como... cuando estoy decepcionada como... cuando estoy enfadada como... En fin, que la situación no ayudaba nada.
En el barrio donde doy clases particulares hay una tienda de ropa, de ropa joven, para tallas grandes. Tienen un montón de cosas que me encantan a precios asequibles. Así que el sábado me compré dos vaqueros (hacía años que no tenía unos) y dos camisetas (y ya le he echado el ojo a un abrigo). Fue como una revelación que tuve de repente: si tengo ropa bonita estaré más a gusto, me gustaré más y, tarde lo que tarde en adelgazar (todos sabemos que la obesidad no es saludable) me sentiré bien por el camino. Porque, si me siento bien, estaré mucho más equilibrada. Y más motivada también.
Qué bien sienta quererse y cuidar de una misma.
Este fin de semana decidí seguir mi propio consejo y aplicarlo a la única cosa sobre la que aún no había tomado control: mi armario. He engordado al menos 25 kilos desde hace siete años (y no, no estoy exagerando, es tan sencillo como coger una báscula y hacer cuentas) y la ropa de mi armario ha ido disminuyendo según mi peso iba aumentando. Es difícil conseguir ropa de ciertas tallas (por no hablar de ropa que te guste) así que ir a comprar ropa era una pesadilla. Iba una vez al año, cuando mis padres me obligaban, y como no tenía mucha ropa tenía que ponerme la misma una y otra vez hasta que se desgastaba toda y se rompía. Era un círculo vicioso: me veía mal y peor aún con la ropa que tenía, comprar más era una tortura, pero (¿lo había mencionado ya?) me veía mal con la ropa que tenía. Siempre pensaba: ya está, voy a hacer la dieta otra vez, voy a adelgazar y después, cuando vuelva a usar la 38 que llevaba antes, me voy a comprar montones y montones de ropa. Pero me temo que no es el planteamiento adecuado, o al menos no para mí, porque no funcionaba. Así era muy fácil perder la motivación, porque adelgazar 25 kilos es algo que lleva su tiempo. Y, no sé vosotras, pero yo cuando cuando estoy triste como... cuando estoy decepcionada como... cuando estoy enfadada como... En fin, que la situación no ayudaba nada.
En el barrio donde doy clases particulares hay una tienda de ropa, de ropa joven, para tallas grandes. Tienen un montón de cosas que me encantan a precios asequibles. Así que el sábado me compré dos vaqueros (hacía años que no tenía unos) y dos camisetas (y ya le he echado el ojo a un abrigo). Fue como una revelación que tuve de repente: si tengo ropa bonita estaré más a gusto, me gustaré más y, tarde lo que tarde en adelgazar (todos sabemos que la obesidad no es saludable) me sentiré bien por el camino. Porque, si me siento bien, estaré mucho más equilibrada. Y más motivada también.
Qué bien sienta quererse y cuidar de una misma.