-A ver, ¿por qué estás mustia? -pregunta Elena mientras empieza a servir la cena que ha traído del chino.
-¿Cómo te has enterado?
-Pues por el Facebook, ¿cómo me voy a enterar? ¿qué te crees? ¿que leo las mentes, como el vampiro ese de mentirijillas que tanto te gusta?
-Oye...
-Sí, sí... ya lo sé. Perdona. Nada de meterse con Edward. Si era broma, mujer...
-Más te vale.-Mónica finge indignación, pero no consigue evitar que, pese a todo, se le escape una sonrisa.
-Venga, cuéntale a la tía Ele. ¿Qué te ha pasado?
-No, si... en realidad, no me ha pasado nada. -y ese es precisamente el problema, claro. Elena lo capta a la primera y la apremia con un gesto para que se lo cuente.
-Nada, tía... es que Marta me ha llamado toda emocionada para contarme que se va todo el fin de semana a un hotel con David, por San Valentín, ya sabes...
Elena tiene que hacer un serio esfuerzo por mantener la compostura, aunque por dentro, su expresión es como la del Fary comiendo limones. No es que "lo sepa", pero solo de imaginárselo ya se ha empachado con tanto azúcar. Suspira. En fin, cada uno tiene sus gustos, sus costumbres y sus formas de celebrar las cosas... Si irse a un hotelito cualquier fin de semana le parece estupendo, ¿por qué va a ser malo el 14 de febrero? Bueno, cualquier fin de semana no hay decoraciones tan horteras, ni tantas y tantas cosas estereotipadas... Pero, ¿qué no es estereotipado? Pocas cosas "auténticas" quedan ya. Lo importante es que se quieren y que sean felices... ¿qué me importa a mí cómo y cuándo se lo demuestren?
-Ajá... Y eso te pone mustia porque...
-No, bueno... si yo me alegro, me alegro mucho por ella, pero... -la forma en que Mónica rehuye su mirada se lo dice todo. Por más que le cueste entenderlo, Mónica envidia a Marta.
- ¿Qué vais a hacer tú y Gonzalo?
- Iremos a tomar un café el domingo para darnos los regalos... Un café cortito, porque el lunes tiene examen.
-Ya. -y se queda callada porque, sinceramente, no sabe qué decir.
-Sé que es una tontería, pero me haría ilusión... Es la primera vez que tengo novio el día de los enamorados... Bueno, quiero decir, un novio de verdad...
Entonces Elena sonríe y, por un momento, olvida que está de vuelta de según qué cosas. Olvida que les tiene manía a todas las cosas tópicas y típicas y se acuerda de cómo es tener 19 años y estar enamorada, del daño que hacen las comedias románticas y de que, envuelta en el vértigo del primer amor (un amor de verdad, de sentirlo*), es casi imposible no verse arrastrada por según qué corrientes.
-No te rías de mí. -suplica Mónica enfurruñada.
-No me río, sonrío. -aclara su amiga.
-Sé que piensas que es una estupidez, pero es que...
-Tú te habías imaginado otra cosa y te habías hecho ilusiones. -Mónica asiente con la cabeza.- Mira, yo te entiendo... -ante la cara de asombro de Mónica, se ve obligada a aclarar- No lo comparto, pero lo entiendo.
-Yo sí que no te entiendo a ti.
-Ya me entenderás. -y se reprende a sí misma en silencio por decir esa frase, una de esas cosas que hace que los seis años que las separan a veces parezcan un abismo. Aún así, no puede evitar añadir- Ahora lo más romántico que puedes imaginarte es una cena con velas o un fin de semana en un hotel, pero quizá dentro de algún tiempo descubras que...
-¿Que yo no tengo razón y tú sí? -suelta desafiante.
-Eso no es lo que quiero decir y lo sabes. Pero... no sé... hace unos años yo era como tú... bueno, algo menos ñoña, pero como tú... ¿y sabes qué? La vez que tuve la cena con velas y el ramo de flores en el jarrón... bueno, no estuvo mal, pero me pareció de todo menos romántico... era extraño, forzado...
-Eso es porque nunca hacen esas cosas por nosotras y entonces, cuando...
-No sé, Mónica, para mí los momentos románticos son otra cosa. La primera vez que invité a un chico a comer, aquí en este piso, estaba en segundo y me había quedado sola en casa... Había estado dando vueltas a qué cocinar... y cuando llegó le ofrecí un té, nos sentamos en el sofá, me besó y... ¡nos olvidamos de comer! ¿Ves? Eso me parece romántico... aquella sensación, esa forma de olvidarnos de todo... hasta de comer. -se ríe al recordarlo.- Y no lo cambiaría por mil fines de semana en un hotel.
* Hace años, jugando al karaoke en casa de unos amigos, una chica dijo "Ponme una canción de amor, pero de amor de verdad, de las de sentirlo" y se me viene a la cabeza en este tipo de situaciones.
Si Mónica lo ve así
Elena lo ve así
-¿Cómo te has enterado?
-Pues por el Facebook, ¿cómo me voy a enterar? ¿qué te crees? ¿que leo las mentes, como el vampiro ese de mentirijillas que tanto te gusta?
-Oye...
-Sí, sí... ya lo sé. Perdona. Nada de meterse con Edward. Si era broma, mujer...
-Más te vale.-Mónica finge indignación, pero no consigue evitar que, pese a todo, se le escape una sonrisa.
-Venga, cuéntale a la tía Ele. ¿Qué te ha pasado?
-No, si... en realidad, no me ha pasado nada. -y ese es precisamente el problema, claro. Elena lo capta a la primera y la apremia con un gesto para que se lo cuente.
-Nada, tía... es que Marta me ha llamado toda emocionada para contarme que se va todo el fin de semana a un hotel con David, por San Valentín, ya sabes...
Elena tiene que hacer un serio esfuerzo por mantener la compostura, aunque por dentro, su expresión es como la del Fary comiendo limones. No es que "lo sepa", pero solo de imaginárselo ya se ha empachado con tanto azúcar. Suspira. En fin, cada uno tiene sus gustos, sus costumbres y sus formas de celebrar las cosas... Si irse a un hotelito cualquier fin de semana le parece estupendo, ¿por qué va a ser malo el 14 de febrero? Bueno, cualquier fin de semana no hay decoraciones tan horteras, ni tantas y tantas cosas estereotipadas... Pero, ¿qué no es estereotipado? Pocas cosas "auténticas" quedan ya. Lo importante es que se quieren y que sean felices... ¿qué me importa a mí cómo y cuándo se lo demuestren?
-Ajá... Y eso te pone mustia porque...
-No, bueno... si yo me alegro, me alegro mucho por ella, pero... -la forma en que Mónica rehuye su mirada se lo dice todo. Por más que le cueste entenderlo, Mónica envidia a Marta.
- ¿Qué vais a hacer tú y Gonzalo?
- Iremos a tomar un café el domingo para darnos los regalos... Un café cortito, porque el lunes tiene examen.
-Ya. -y se queda callada porque, sinceramente, no sabe qué decir.
-Sé que es una tontería, pero me haría ilusión... Es la primera vez que tengo novio el día de los enamorados... Bueno, quiero decir, un novio de verdad...
Entonces Elena sonríe y, por un momento, olvida que está de vuelta de según qué cosas. Olvida que les tiene manía a todas las cosas tópicas y típicas y se acuerda de cómo es tener 19 años y estar enamorada, del daño que hacen las comedias románticas y de que, envuelta en el vértigo del primer amor (un amor de verdad, de sentirlo*), es casi imposible no verse arrastrada por según qué corrientes.
-No te rías de mí. -suplica Mónica enfurruñada.
-No me río, sonrío. -aclara su amiga.
-Sé que piensas que es una estupidez, pero es que...
-Tú te habías imaginado otra cosa y te habías hecho ilusiones. -Mónica asiente con la cabeza.- Mira, yo te entiendo... -ante la cara de asombro de Mónica, se ve obligada a aclarar- No lo comparto, pero lo entiendo.
-Yo sí que no te entiendo a ti.
-Ya me entenderás. -y se reprende a sí misma en silencio por decir esa frase, una de esas cosas que hace que los seis años que las separan a veces parezcan un abismo. Aún así, no puede evitar añadir- Ahora lo más romántico que puedes imaginarte es una cena con velas o un fin de semana en un hotel, pero quizá dentro de algún tiempo descubras que...
-¿Que yo no tengo razón y tú sí? -suelta desafiante.
-Eso no es lo que quiero decir y lo sabes. Pero... no sé... hace unos años yo era como tú... bueno, algo menos ñoña, pero como tú... ¿y sabes qué? La vez que tuve la cena con velas y el ramo de flores en el jarrón... bueno, no estuvo mal, pero me pareció de todo menos romántico... era extraño, forzado...
-Eso es porque nunca hacen esas cosas por nosotras y entonces, cuando...
-No sé, Mónica, para mí los momentos románticos son otra cosa. La primera vez que invité a un chico a comer, aquí en este piso, estaba en segundo y me había quedado sola en casa... Había estado dando vueltas a qué cocinar... y cuando llegó le ofrecí un té, nos sentamos en el sofá, me besó y... ¡nos olvidamos de comer! ¿Ves? Eso me parece romántico... aquella sensación, esa forma de olvidarnos de todo... hasta de comer. -se ríe al recordarlo.- Y no lo cambiaría por mil fines de semana en un hotel.
* Hace años, jugando al karaoke en casa de unos amigos, una chica dijo "Ponme una canción de amor, pero de amor de verdad, de las de sentirlo" y se me viene a la cabeza en este tipo de situaciones.
Si Mónica lo ve así
Elena lo ve así